Revista del Salomé 2017, 2(1), 105-108 - ISSN (impreso): 2636-2139

José Gabriel García, Obras Completas, volúmenes 3 y 4. Santo Domingo, AGN | Banreservas, 2016, pp. 751 (v. 3) y 566 (v. 4)

DOI: https://doi.org/10.32541/salome.2017.v2i1.pp105-108

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González, R. (2017). José Gabriel García, Obras completas, volúmenes 3 y 4. Santo Domingo, AGN | Banreservas, 2016, pp. 751 (v. 3) y 566 (v. 4). Revista del Salomé, 2(1), 105-108. doi: https://doi.org/10.32541/salome.2017.v2i1.pp105-108


La reciente publicación de los volúmenes 3 y 4 de las Obras completas del historiador José Gabriel García es una oportunidad para acercarse a las producciones de quien fuera uno de los autores más prolíficos de la segunda mitad del siglo xix dominicano y es considerado desde entonces como el padre de la historiografía dominicana.

Esta era una publicación necesaria hoy en día, pues si bien los especialistas se hallan al tanto de la misma gracias a la laboriosidad de sus hijos Alcides y Leónidas, quienes transcribieron sus cuadernos de notas, y, de manera particular, al trabajo cuidadoso de rescate y divulgación hecho por Vetilio Alfau Durán, la obra de García permanece casi desconocida, salvo por el Compendio de la historia de Santo Domingo, en cuatro tomos, su obra más difundida, de referencia obligada para los historiadores contemporáneos.

Basta leer el contenido de los volúmenes arriba referidos para captar los puntos cardinales que orientaron la ingente obra del autor. Estos puntos son tres, a saber: la historia, el periodismo y la educación. Entre ellos no hay fronteras definidas sino más bien articulación, empatía, sinergias que dinamizan sus reflexiones y escritos. Una especie de triángulo virtuoso que anima toda su obra.

Precisan esta idea algunos ejemplos extraídos de dichos volúmenes:

La historia, desde luego, en primer lugar. En el volumen 3 encontramos bien definido, por un lado, al afanoso e incansable recopilador. Prepara así los materiales con los que construyo luego el edificio de su obra historiográfica. Los ordena, los clasifica, los anota y critica. En ocasiones advierte de su carácter incompleto, y trata de compensar la falta con otros testimonios, que luego coloca como anexos o apéndices. Son ejemplo de ello sus Partes oficiales de la guerra dominico-haitiana (1888), ampliada en Guerra de separación Dominicana (1890), donde presenta organizadas por vez primera las cuatro campanas de la misma, con sus respectivas treguas, y la documentación oficial dominicana; ambas obras incluidas en el volumen 3 de las OC. Asimismo, la primera recopilación de los Tratados internacionales concertados por la Republica Dominicana (1896), que dan cuenta de la actividad diplomática, la importancia de las relaciones comerciales y del reconocimiento de la soberanía nacional dominicana en el orden político-estatal.

Por otro lado, se aprecia en los siete libros y decenas de artículos, reunidos en dicho volumen 3, al historiador que va procesando y reescribiendo su obra, que gana en densidad, tanto en lo que se refiere a la cronologia y a los espacios como, g en especial, a lo que puede llamarse con propiedad la síntesis histórica del examen que realiza de pasado dominicano. Las obras históricas aquí recogidas son obras preparatorias preliminares, las cuales luego fueron reelaboradas hasta llegar a su obra cumbre en cuatro tomos, recogida en los dos primeros volúmenes de las Obras Completas.

Segundo: el periodismo. Un campo especial para García, pues en la prensa dio sus primeros pasos como escritor. Desde luego, el ejercicio del periodismo para la época era muy distinto al que conocemos en el presente, aunque guarde relación con el profesional de la prensa de hoy, no es exactamente lo mismo. El periodismo de entonces era muy diferente: no se busca informar sin más ni hacer un reportaje. Se trataba más bien de un periodismo doctrinal. Se puede decir que la figura histórica correspondiente en lugar del periodista es la del publicista, que por supuesto tampoco tiene nada que ver con el empleo actual del término. Su significado se ha mudado por completo a poco más de un siglo de distancia. El publicista era ante todo un divulgador, un traductor de la doctrina, con el fin de aproximarla al ciudadano común. Periodismo y publicista estaban unidos por el carácter doctrinario de las ideas políticas, generalmente liberales, pues esta fue la época de la democracia liberal.

Esa doctrina postulaba el carácter público de las ideas y, sobre todo, la convergencia entre la política y la moral. Esto iba en contra del «maquiavelismo», al cual se refiere al explicar la política de Buenaventura Báez, que, en la forma en que lo utiliza García, también fue un constructo del liberalismo democrático para denunciar la política de secreto de las monarquías constitucionales europeas y las dicta- duras republicanas. José Gabriel García se plantea la necesidad de cultivar los medios de prensa para que la republica democrática prevaleciera sobre las dictaduras que han servido de molde a la mayoría de los gobiernos; así lo apreciamos en sus trabajos periodísticos en general; entre ellos, la polémica con Galván a través del periódico El Teléfono y la serie de artículos sobre «La alternación del poder», el cual, pese a más de medio siglo de distancia que los separa, pueden leerse como contrapunto del discurso sobre «La alternabilidad en la historia dominicana» pronunciado por Joaquín Balaguer en 1951.

Por último, la educación. Esta constituye la motivación germinal y a la vez profunda de la obra de García. Su compendio, la primera edición, vio la luz en 1867: era un libro pequeño para escolares. Si el autor, 40 años después, mantuvo el titulo hasta la tercera edición de su obra totalmente transformada, ya en cuatro tomos, quiere decir que reconocida la unidad de su obra y, al mismo tiempo, su progresiva elaboración y reelaboración a lo largo de casi cuatro décadas. Sus reflexiones han madurado a lo largo de todo este tiempo. No ha cesado de pensar en el significado de nuestra historia como pueblo, como Estado-nación. No importa si su Angulo fue el político antes que el social o el económico, pues esta obra está hecha a la altura de su tiempo, por tanto con el rigor metodológico exigido por la ciencia histórica. Leopold von Ranke, el gran historiador alemán del siglo xix, habrá resumido esta exigencia en la máxima «la historia se escribe con documentos». Si hay una historia dominicana escrita de este modo en la misma época, esa es la de José Gabriel García.

Para la historia y la educación: Las dos primeras obras que aparecen en el cuarto volumen de las Obras Completas de García, a saber: Compendio de la historia de Santo Domingo arreglada para el uso de las escuelas de la Republica Dominicana (1867) y Compendio de la Historia de Santo Domingo, para uso de las escuelas, 2 tomos (1879), muestran el desarrollo del método expositivo y de investigación del padre de la historia dominicana. Ha evolucionado desde las formas del «catecismo político» que estuvieron en auge tras la Independencia de las colonias hispanoamericanas, sobre todo las continentales. Dichas formas expresan el predominio de los métodos empleados por la iglesia en la enseñanza: dogmáticos y memorísticos en cuanto a la sustancia y la pedagogía, respectivamente. Pero más adelante evoluciona hasta abordar los temas de manera más comprensiva y reflexiva, aunque sin menoscabo de la verdad ni del juicio crítico, como bien se aprecia en la obra final y definitiva que entrego en 1906. Como tal esta constituye una materia prima para el estudio de la obra de García en particular, y de la historiografía dominicana en general.

Finalmente, José Gabriel García es también autor del primer manual de alfabetización escrito en el país: El lector dominicano (1894). Un pequeño manual que reproducía el método silábico para alfabetizar a los niños, el que ya era de uso común para entonces. Su mayor aporte radica en su propuesta de combinarlo con una antología de textos de autores y autoras dominicanas seleccionados para iniciar en la lectura a los estudiantes. Una pequeña antología con extractos de textos de interés con prosa de calidad impecable.

Desde cualquiera de estos tres puntos cardinales, se muestra el acento de toda su obra escrita. Este, como era de esperarse, se mantuvo siempre el mismo: el recuerdo del patriotismo sano, la perdurabilidad de la nación dominicana, la creación de los fundadores de la Republica. ¿Que todo eso es pasado? Si, pues para García la función de la historia es salvar ese pasado significativo del olvido para que repuesto en el horizonte de las jóvenes generaciones cobre nuevo sentido en la vida de la ciudadanía, lo que se traduce en la formación de la conciencia histórica. rica juvenil, puesto que ningun pasado subsiste si no en tanto que es recordado.

Las Obras completas de José Gabriel García, cuyos volúmenes 3 y 4 acaban de publicarse en edición conjunta por el Archivo General de la Nación y el Banreservas, constituye un motivo de regocijo para los educadores y para todo para el pueblo dominicano que tiene ahora la oportunidad de acceder a textos que estaban fuera de su alcance, por no decir casi del todo desconocidos.

Raymundo González